A cuando el Senado lanza una comisión de investigación sobre TikTok, es necesario priorizar sus peligros. Si bien TikTok es potencialmente un canal para la desinformación a gran escala, incluso el espionaje, su principal peligro radica en la distorsión mental que induce. La propaganda es minoritaria en TikTok. Menos lo es la destrucción de los medios atencionales que permiten lidiar con cualquier eslogan, cualquier imagen animada, cualquier pensamiento masticado.
TikTok ilustra la maravilla que teoriza Giuliano da Empoli en Ingenieros del Caos [JC Lattès, 2019]. Los nuevos propagandistas no parecen tanto favorecer una idea sobre otra, sino vaciar la verdad de su atractivo incluso mediante la afluencia incesante de fotos impactantes y palabras ingrávidas. Un ejemplo entre muchos otros: el 19% de los jóvenes de 18 a 24 años dijo que las pirámides de Egipto son extraterrestre original. A este nivel, ya no es influencia geopolítica, es lobotomía masiva. Ya escuchamos el clásico contraargumento: “El problema no es TikTok, es cómo lo usamos. » Si esta apelación a la moralidad individual es válida en teoría, resulta inaplicable en la práctica.
Desde una perspectiva de calidad: TikTok, en sí mismo, no obliga a nadie a ver tonterías. Y si teóricamente podemos seguir exclusivamente las cuentas de divulgación científica, por ejemplo, también notamos que estas cuentas no se nombran en el top 10 francés. En cambio, son comediantes, bailarines, animadores de galerías anónimas, rápidamente consumidos, rápidamente olvidados. El formato de vídeo corto, la profusión de herramientas de edición, el algoritmo de TikTok, la juventud de sus usuarios: todo contribuye a la promoción de los ineptos, a ritmo entrecortado.
Fragilidad del consentimiento
Desde una perspectiva cuantitativa: personalmente probé TikTok. No volveré, y nadie me culpará. En mi caso, mis amigos no me piden a diario que comente tal o cual video. Pero pude hablar con estudiantes, para quienes esta aplicación es una auténtica lacra, una adicción a la que suelen sacrificar dos horas al día y contra la que luchan. Lucha en la que a veces se sienten bastante solos.
TikTok, como todas las demás aplicaciones, no impone nada, pero tampoco deja absolutamente abierto el campo de posibilidades. La plataforma nos predispone a consumir videos cortos y picantes, en masa. Brillante, dinámica, Cautivador: como el exceso de azúcar, el contenido de TikTok hace que todo lo demás sea insípido. En este sentido, como apuntaba el ensayista Nicholas Carr para Google en 2008, pero en mucha mayor medida, TikTok altera nuestra capacidad de atención y dificulta centrarnos mucho tiempo en lo que ni brilla ni se mueve.
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