“Embarcar a la sociedad civil, la juventud hacia una lejana renovación debe ser un trabajo intergeneracional”

“Embarcar a la sociedad civil, la juventud hacia una lejana renovación debe ser un trabajo intergeneracional”

Iuna generación líder de los “treinta gloriosos”, polarizada en el crecimiento y en su reparto equitativo, en su parte de responsabilidad en el cambio climático. La generación actualmente en asuntos económicos y políticos tiene la difícil tarea de imaginar e implementar una transición del modelo. Debe hacerlo en estrecha colaboración con la próxima generación, nacida después del 2000, que vive en una situación terriblemente estresante. Sí, la cuestión del futuro del planeta debe ser intergeneracional. No es suficiente. Confundimos la urgencia de tomar conciencia de un cambio de rumbo con la duración que requerirá la implantación de un nuevo modelo económico y más aún cultural, incluso civilizatorio.

Una mirada retrospectiva a la posguerra: el programa del Consejo Nacional de Resistencia, la Seguridad Social, la construcción europea, etc. demostró que la construcción de un modelo económico y social lleva varias décadas. Con resistencias, conquistas, retrocesos. ¡No saldremos del cambio climático mejorados por la actividad humana en cinco o diez años!

Retrocedamos a un tiempo más largo para deconstruir nuestro modelo y reconstruir uno nuevo durante varias generaciones. Nuestro postulado hijo-padre nos lleva entonces a sustentar juntos dos métodos del siglo XX.mi siglo renovándolas profundamente para que respondan a los desafíos del siglo XXImi : planificación y educación popular. Estos son ejemplos.

«Ir a la raíz»

Una planificación democrática reinventada, co-construida, territorializada, para articular objetivos de transformación sistémica y medios importantes en el tiempo. No solo en energía, ni solo al 2030. Una planificación de contratos ambiciosos y financiados, firmados con sectores y con territorios, constituyendo verdaderas alianzas de actores para la transición. La cooperación debe reemplazar a la competencia por sí sola.

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Una educación popular para animar colectivamente, “todo saber, todos los aprendices”, un cambio cultural en referencias y comportamientos. ¿Cambiar la alimentación, la movilidad, la forma de vivir y cuidarse? No hay varita mágica para llegar allí. El cambio puramente tecnológico o tecnocrático, la inclinación natural de las élites, sin apoyo popular, ha fracasado. Lo mismo vale para una ecología de estado o un enfoque ambiental que despreocupe lo social. Embarcando a la sociedad civil, la juventud hacia una lejana renovación implica un relato de esperanzas positivas que falta. ¡Debe ser un trabajo intergeneracional! En el maquis, los resistentes a la barbarie habían bautizado su programa “Días felices”: ¿nos atreveremos, juntos, a proyectar nuestras iniciativas hacia “décadas felices”?

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Por Ilona Venegas