I“La humanidad se enfrenta a una doble amenaza existencial: el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas. En nuestras sociedades globalizadas, todas nuestras acciones y todas nuestras elecciones tendrán un impacto cuyos efectos sufriremos. Debemos desarrollar nuestros conocimientos y habilidades actuales para preservar la habitabilidad de la Tierra, teniendo en cuenta la complejidad de los problemas.
El debate sobre la reforma de las pensiones ensombrece un gran problema: la Seguridad Social está amenazada, no por la destrucción de los servicios públicos, sino por su dependencia de un modelo económico temporalmente condenado.
“¡Fin de mes, fin del mundo, misma pelea! », venimos oyendo desde 2018. Pese a ello, nos falta el problema que ningún partido político admite: las condiciones sostenibles para la supervivencia de nuestras sociedades imponen una reducción masiva y drástica de la producción material y energética. Esto es un tabú porque induce a un empobrecimiento generalizado aunque diferenciado. Esto viene en oposición fundamental al crecimiento del producto interno bruto (PIB) por sí solo, así como a la ilusión de que las generaciones futuras vivirán como nosotros.
Un auténtico proceso democrático
También existe un imperativo de justicia social. Esto no significa que cada individuo deba aceptar empobrecerse, poseer menos o utilizar menos servicios. Cada individuo debe poder garantizar sus medios de subsistencia. Corresponde a la sociedad en su conjunto establecer las condiciones.
Un auténtico proceso democrático permitirá decidir -en nombre de lo que hace al pueblo, en una justa articulación entre las diferentes escalas, desde la local a la global- la organización del declive de la sociedad termoindustrial y el desarrollo de territorios. Esto constituirá nuestros bienes comunes para ser preservados, incluso restaurados. Repensar el paradigma del valor ha contribuido al surgimiento de nuevas formas de riqueza.
La riqueza es, por tanto, un pensamiento más allá de la posesión. Esto sería más evidente al disiparse la separación ficticia entre el ser humano y la naturaleza. Estas riquezas pueden ser culturales, simbólicas e inmateriales. Nos referimos aquí al tiempo liberado, a una reorganización del trabajo que favorezca la autoestima, a los lazos afectivos, a la salud plena: a sanar.
En cuanto a, hay una materialidad que ocupa un lugar importante en nuestras vidas hoy. Esta acumulación material se ha mostrado como un poder y una garantía de existencia como la vivienda, el agua potable, la alimentación. Olvidarlo o negarlo es minimizar el problema ecológico.
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