NOotro país se enfrenta a un cambio demográfico que desafía nuestro sistema de pensiones. Los jubilados ahora representan una cuarta parte de la población, en comparación con solo el 5% en 1960, el 10% en 1985, el 15% en 1995 y el 20% en 2013. Además, los años de vida en la jubilación se han ampliado nueve años en medio año. siglo, hasta el punto de que en Francia la duración prevista de la jubilación es de unos veintiséis años, frente a los veinte años de media en otros países europeos.
Este doble desafío demográfico (boom en el número de adultos mayores y alargamiento del período de jubilación) como era de esperar altera el equilibrio financiero de nuestro sistema. La pregunta es si los ingresos (aportaciones, impuestos y otras contribuciones fiscales) pueden cubrir los gastos (pago de pensiones de jubilación). Para convencer de la utilidad de su reforma, el gobierno promete equilibrio financiero para 2030.
Los opositores (sindicatos y grupos parlamentarios de izquierda) juzgaron por el contrario que el desequilibrio no es suficiente para justificar una disminución de la edad de jubilación a tasa plena. Más allá de esta cuestión de contabilidad macroeconómica, existe un problema fundamental que nadie aborda. Es decir, que nuestro actual sistema de pensiones impide que millones de desempleados encuentren trabajo. Porque las pensiones de jubilación son hoy financiadas en más de dos tercios por los activos.
Seis trabajadores financiarán las pensiones de cinco jubilados
O las contribuciones infladas de empleadores y empleados determinan el costo de la mano de obra. Un camarero de café que gana, por ejemplo, 1.600 euros netos al mes le cuesta a su jefe 3.200 euros, que es el doble. Esta brecha abismal entre lo que le cuesta el trabajo al empleador y lo que le aporta al empleado explica en parte la escasez de mano de obra en sectores donde la remuneración no se percibe como suficientemente atractiva (como la restauración donde habría que cubrir 200.000 puestos).
Buena parte de esta brecha proviene de las sumas captadas por los fondos de pensiones. Así, un maestro de escuela con cinco años de antigüedad (cuyo sueldo neto es de 1.750 euros) hacia el equivalente de su sueldo neto para la única financiación de las pensiones. Esta ratio es aún mayor para un profesor certificado fuera de clase al final de su carrera (cuyo salario neto es de 2.900 euros) ya que aporta más de 3.000 euros cada mes a los fondos de pensiones.
Este fenómeno empeora constantemente. Porque, mientras la proporción de jubilados en la población francesa se ha quintuplicado desde 1950, la de la actividad se ha mantenido igual (casi el 43%). Tanto es así que en su momento el peso de cada retirada se repartía sobre los hombros de
cinco contribuyentes. Esta ratio cotizante-jubilado ya era de dos hace veinte años. Hoy ha bajado a 1,6. En 2050, será solo 1,2. Es decir que seis activos financian la pensión de jubilación cinco.
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